Morar en el no-saber, también en el metro

//Morar en el no-saber, también en el metro

Hay una historia que oí contar a Jack Kornfield y que ilustra el mundo de la prisa, del piloto automático y de la desconexión en las sociedades occidentales. Trata de un experimento realizado en el metro de una gran ciudad, donde un músico se pone a tocar en hora punta. Durante los 45 minutos que está tocando una pieza de Bach, se paran unas pocas personas, algunas dan algo de dinero pero la gran mayoría pasan de largo, sin aparentar prestar la más mínima atención, ensimismadas en sus cosas, proyectadas hacia su destino con prisa. Ausentes. El músico resulta ser un virtuoso violinista tocando con un violín que vale millones de euros.

Cogí el metro hace unos días, iba rodeada de gente joven que salía un viernes tarde. Subió un hombre de mediana edad, se presentó en voz alta como alguien recién llegado de Argentina y cantante lírico buscando una oportunidad en Barcelona. En mi mente apareció de golpe la triste historia del virtuoso violinista en el metro, así que me observé, todo en mi me preparaba para el desastre, podía sentir ya la tristeza, anticipando la desconexión y la falta de interés de mis compañerxs de vagón.

El hombre cantó una preciosa aria y al terminar, allí donde la mente esperaba un frío silencio lleno de indiferencia, apareció una calurosa ovación que recorrió el vagón. Lxs chicxs con aspecto algo inquietante, turistas italianxs con aspecto algo camorrista, mucha gente aportó generosamente con dinero, incluso alcancé a oír quien le pidió el bizum al cantante lírico porque no tenían efectivo en el momento…

Yo salí del metro con una sonrisa, la confianza renovada, mucho calor en mi corazón y una nueva lección de humildad y de morar en el no-saber.

No tenemos idea de lo que va a pasar, lo único que tiene sentido es hacer lo mejor posible en cada momento, escuchar y aplaudir la belleza cuando se nos regala, gozar de algún gran momento de conexión con otros seres humanos y más que humanos, celebrar la vida. Y nunca darse por vencida.

La desesperanza y la desesperación son creaciones de la mente, la vida no conoce el desaliento. La esperanza activa surge en este espacio de morar en el no saber, de vivir el instante y dejarse sorprender.

Eli Dalmau

Foto de Filippo Andolfatto en Unsplash

 

 

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