Basuraleza y esperanza activa

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Basuraleza y esperanza activa

Hace ya unos días salí a pasear por el campo con unas amigas de 6 y 9 años, en medio del paseo una de ellas exclamó: ¡ Ostras nos hemos olvidado la bolsa y las pinzas para recoger basura! Hemos andado  juntas y solemos hacerlo con una bolsa para recoger la basuraleza que vamos encontrando. En un instante me atravesaron varios sentimientos: esperanza, vergüenza y culpa.

Lo primero que apareció fue la esperanza en forma de alegría, al ver a personas tan jóvenes concienciadas para cuidar la naturaleza de una manera que muchas personas adultas desconocen. No se quejan de la basura, simplemente la recogen, la reciclan, toman la responsabilidad de hacer algo. Pero inmediatamente apareció también la vergüenza y la culpa de pertenecer a las generaciones que han permitido y contribuido a la contaminación, al abuso y al expolio. Vergüenza de contribuir a una cultura que obliga a niñas a ir recogiendo mierda por el bosque.

Muchas personas (me o se) dicen que el cambio vendrá con las generaciones futuras, que es a ellos a los que hay que educar. Yo (me) digo:! Que vaya morro! Esta manera de pasar el muerto a quienes no lo han creado con tal de seguir disfrutando de comodidades y privilegios, sin mover un dedo.

No deberíamos rehuir la responsabilidad como adultos con la excusa que es difícil el cambio. Todo indica que no tenemos el tiempo de esperar a que crezcan y lo hagan mejor que nosotras. Es ahora y es a mí y a ti que nos toca actuar, “la verdadera generosidad con el futuro es darlo todo al presente” dice Albert Camus.

A las buenas ancestras  que queremos ser, nos toca hacer nuestra parte e incluso un poco más, aupar a lxs que vienen, para que puedan volar o simplemente vivir en un mundo donde el término basuraleza conste en desuso en el diccionario.

Eli Dalmau

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